Pero si todo el conjunto exhala ese aroma inconfundible de la verdadera poesía, hay tres composiciones que sobresalen con entidad propia. Así, el autorretrato Hija de un hombre bueno es a la vez amoroso homenaje al progenitor, que conmueve por su desnuda ternura: y crecí/ como crecen las hijas de un hombre bueno,/ algo tonta y algo agradecida. Igualmente, La entrega es otro bellísimo texto plagado de sensual simbolismo para desplegar las alas del deseo: Si, es mi piel y quiero / trascender en ti, / tocarte con mi cuerpo, desmecer el mundo. Y el más redondo quizá de todo el libro sea el poema Epitafio a Don Quijote:Si triste es morir, más triste
es vivir vencido de cordura.
Vencido siendo apenas isla,
apenas nube.
Morir
y no vivir trenzado,
maniatado casi
por la gélida y oscura sombra
del entendimiento.